El primer manicomio del mundo se abrió en Valencia en el año 1409, "El manicomio de Valencia" cuando un fraile mercedario, Juan Gilabert Jofré, consideró oportuno abrir un hospital específico para dar cabida a las personas con problemas mentales y, de esa forma, evitar su contacto con el resto de los ciudadanos. Nacía, así, el primer Hospital de Inocentes, nombre con el que se empezaron a conocer estas casas de reclusión en sus inicios, creadas bajo el auspicio de órdenes religiosas cristianas.
La psiquiatría surge a finales de 1700 con un criterio no médico, sino social. Las personas eran recluidas por efectos estéticos sociales, de modo que en los asilos convivían delincuentes y enfermos mentales, sin diferenciación.
Si retrocedemos más en el tiempo, la situación pinta peor. Durante la Edad Media una epilepsia o una esquizofrenia era vista como una posesión demoníaca que implicaba una condena de muerte por parte de la Inquisición.
La Segunda Guerra Mundial fue otro momento crítico pues aquellos opuestos al régimen dominante eran tratados como “locos” y condenados al manicomio. Al mismo tiempo, las violaciones a los derechos de quienes verdaderamente padecían de males psiquiátricos se intensificaron. En algunos casos, incluso fueron exterminados por considerárseles “escoria”, una práctica ejecutada sobre todo por los nazis.
En el siglo XIX se crearon los hospitales específicos para locos con la intención de otorgarles un tratamiento médico, sin violencia y buscando sosegarlos. No obstante, seguían existiendo las celdas de aislamiento para los de un carácter más indomable.
En el primer cuarto del siglo XX se empezó a fomentar una enfermería de tipo mental, hasta que En 1926 se creó la primera escuela de Psiquiatría para el estudio y tratamiento de las enfermedades mentales. Los hospitales psiquiátricos, sobre todo en las ciudades, permitían a los enfermos más leves entrar y salir de los centros en los que eran tratados.
El tratamiento de la enfermedad, consistía en mantener ocupados con tareas cotidianas a los afectados. Si mostraban un comportamiento rebelde, se les azotaba, se les encadenaba o se les metía en jaulas. Algunos de estos métodos se mantuvieron en España prácticamente hasta el siglo XX, en parte debido a la superstición que atribuía a la enfermedad mental cierto componente diabólico, en el resto de Europa, se les aplicaban tratamientos o cuidados menos agresivos.
Otro de los tratamientos era la lobotomía, una operación que consistía en extirpar parte de los lóbulos frontales del cerebro. Si bien este procedimiento disminuía las conductas agresivas de los pacientes mentales, también mermaba sus capacidades cognoscitivas y les impedía expresar cualquier emoción.
Otra “solución” utilizada era internar a los enfermos mentales –sobre todo a aquellos con rasgos psicóticos (ideas delirantes, estados alterados de conciencia, alucinaciones)–, en instituciones psiquiátricas, que no eran más que manicomios donde, para contener su agresividad o impedirles conductas poco normales, les ponían camisas de fuerza o los amarraban a sus camas.
En 1950 se empezó a utilizar el primer medicamento antipsicótico, y en 1970 se creó la especialidad de Ayudante Técnico Sanitario Psiquiátrico. El cambio más radical y definitivo llegaría a mediados de los años ochenta, cuando el ministerio de Sanidad llevó a cabo la plena integración de la salud mental dentro de la asistencia sanitaria general, acabando con cerca de 600 años de dolor y sufrimiento para las personas con alguna enfermedad psiquiátrica.
El oso de la oscuridad 🐻

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